domingo, 25 de abril de 2010

En las nubes solo somos particulas

De mi paso por 5 aeropuertos americanos repartidos por tres estados diferentes y dos costas, no ha sido mi visita a S Francisco, ni el curso de Channel Business en Santa Clara, ni mi visita a los distribuidores de Miami lo que mas me ha marcado. Ha sido la lectura de las memorias de Paul Monette, A Borrowed Time, donde nos cuenta los ultimos dos anos de su relacion con Roger Horwitz, su pareja durante mas de 10 anos y una de las primeras victimas de la nueva plaga de los anos 80 llamada SIDA que se cebo principalmente en la comunidad gay y que literalmente borro del mapa a toda una generacion. Me enganche a leerlo al poco de salir de la libreria A Different Light (donde tambien compre Becoming a Man, del mismo autor y Antwerp, de Roberto Bolano traducido al ingles). Cargado con mis nuevas adquisiciones me fui directo a un cafe situado en Market St, en el corazon de Castro donde comence a leerlo para no soltarlo hasta acabarmelo en el vuelo de vuelta a Sao Paulo. Un libro conmovedor por lo crudo pero tambien emocionante por la intensidad y la fuerza de una relacion sellada con fuego y que permite a los amantes hacer frente juntos a la espiral de malas noticias que acaba por transformar sus vidas, el avance de la enfermedad y las llamadas infecciones oportunistas, la perdida paulatina de una calidad de vida salpicada de exitos profesionales y personales, viajes, fiestas, amigos, familia, vidas en fin, que nunca mas recuperarian. Roger murio en 1987, Paul lo haria en 1995.
Paseando por Castro St. pude ver muchos sobrevivientes de esa generacion perdida. Hombres proximos a los 60 y 70 anos que vivieron la enfermedad y la muerte de practicamente el 90 % de su circulo de amistades antes de haber cumplido los 40.
Tanto Kafka como Liberace tuvieron la suerte de adelantarse a la catastrofe que caeria sobre sus respectivas comunidades apenas una decada despues de su muerte, Kafka no presencio el exterminio de los judios de Europa, Liberace por su parte, la hecatombe del SIDA.
Ya en Sao Paulo me reencuentro con Matt que ha venido desde Rio para pasar el fin de semana y para vernos por primera vez desde nuestra vuelta de Buenos Aires y el parentesis de tres semanas que decidimos darnos. Pasamos unos dias tranquilos y relajados, contentos de compartir de nuevo este tiempo, que tambien es, en cierta manera, un tiempo prestado.

Al final va a resultar que soy adicto al drama y que mediante estos patrones repetitivos de relacion-pausa-reconciliacion mantengo viva la pasion y la adrenalina frente a la estabilidad de una relacion comfortable que pudiera caer en la mediocridad y la rutina.

domingo, 11 de abril de 2010

En abril, mas una vez..(Un update sentimental)

Me miro y con una sonrisa triste me dijo, "Siempre en Abril, eh", y al principio no le entendia por que lo decia...tarde unos segundos en caer en la cuenta. Y es que mas una vez mi vida sentimental se ve marcada durante esas fechas.
En abril hicimos un ano de relacion y en abril decidimos que era mejor darnos un tiempo para pensar como seguir a partir de ahora. Y como dice el bolero, no es falta de carino, no... que carino, amor y deseo nunca nos ha faltado en todo este tiempo. Amen.
Pero llega un momento de la relacion en que te quieres plantear hacia donde vamos juntos, si vale la pena, si estas invirtiendo en la relacion cierta, si sera que la distancia no solo no es el olvido sino que hasta podria ser buena, sobre todo para alguien como yo con tantos altibajos, agobios y demas reacciones extremas que contribuyen a desestabilizar a cualquiera y que no hacen mas que crear inseguridad. Y en ese sentido, Matt no es la excepcion a la regla. Mis escarceos ocasionales (en su mayor parte, mas virtuales que reales), no han hecho otra cosa que crear en el una desconfianza que le ha ido corroyendo poco a poco y en silencio, sospechas y desconfianza que en momentos llegaba a traducirse en una autentica paranoia. Y lo peor es que no le puedo culpar.... Como diria Jaime, "Si no fuera tan puta!".
En fin, que la situacion actual es esa, a la vuelta de nuestro fin de semana romantico en Buenos Aires, mientras haciamos la cola para los taxis en el aeropuerto de Guarulhos, Matt me pidio un parentesis a la relacion. Su propuesta no me pillo por sorpresa ya que las ultimas semanas habiamos comentado varias veces sobre la posibilidad de terminar. Le pregunte si estaba seguro de lo que me estaba pidiendo y de lo que eso significaba y me dijo que si.
Vista la situacion en la que estabamos las ultimas semanas, semanas salpicadas de malentendidos, enfados y discusiones telefonicas provocadas por mi cada vez menor paciencia para sus celos, enfados que, de manera ciclica, precedian a reconciliaciones pasionales el fin de semana siguiente, me parecio que dejar de vernos por un tiempo y aprovechar para intentar ver la relacion desde fuera podria ser una buena idea. En ese tiempo los dos ganariamos la perspectiva necesaria para entender que es exactamente lo que estamos haciendo juntos. Yo, con un chico que no me merezco y que parece hecho como por encargo - delgado, alto, moreno, de cabello rizado y ojos de miel, y lo que es mas importante, que me adora, pero al que doblo la edad y que vive y estudia en otra ciudad, y el, por su parte, con un gringuito rubio y de ojos azules pero de personalidad complicada que se replantea su futuro dia si y dia no y cuya permanecia en el pais tiene los dias contados.

sábado, 27 de março de 2010

Manana del sabado II

El ruido del agua de la ducha entra en la habitacion por la puerta abierta. Estoy tumbado en la cama, en esta manana perezosa de sabado, entregandome placidamente a la modorra y al relajante efecto del sonido del agua al caer.
Teniamos la intencion de levantarnos pronto aprovechar la manana. Matt queria que fueramos a una papeleria especializada en productos para arquitectos y disenadores que esta en el centro, cerca de la plaza de la Republica y comprar papel y material que necesita para sus clases hasta que la tarjeta de credito de sus padres echara humo.
Aunque hoy es 27 de marzo del 2010 y estoy en Sao Paulo, Brasil, en realidad esta manana de sabado es la misma que tantas otras mananas de sabado ya pasadas. Al otro lado de la ventana que da a la calle podria perfectamente verse las calles de Streatham, el tranquilo barrio residencial de clase trabajadora y arbolado del sur de Londres donde vivi los ultimos anos y podria tambien ser que no estemos en el ano 2010 sino en el 2003. La persona que que hace apenas unos minutos yacia a mi lado y ahora se esta duchando y cuyo canturreo me llega entremezclado con el ruido de la ducha y el de la calle podria no ser Matt sino Lucas o incluso Reno.
Podria tambien ser que estamos en 1997 y el sol que entra por la ventana es el sol matutino que inundaba mi cuarto en el apartamento alquilado de la calle de Maestro Sosa de Valencia. El sol valenciano que se va colando por la ventana y que avanza por encima de las sabanas conforme pasan los minutos hasta acariciar mi piel mientras continuo tumbado en la cama esperando a que Santi salga de la ducha. Si, estamos en 1997 y tengo 27 anos y estoy viviendo mi primera tentativa seria de relacion estable.
Todas las mananas de sabado tiene un algo en comun. Un algo que las convierte en secuencias de una misma manana.

sexta-feira, 26 de março de 2010

Vidas Ejemplares

San Estebancito de Katovice fue un niño que vivió en el S.XI y murió mártir a los 15 años fiel a sus creencias. Fue torturado, violado y asesinado por las hordas del ejército mameluco. Uno de los cuadros del pintor florentino Giotto titulado "El suplício del inocente" representa la terríble escena de su martirio. En esta ocasión, el artista deja de lado su habitual lirísmo para representar los últimos momentos de la vida del santo en manos de los soldados. En el centro del cuadro podemos ver a un Estebancito desnudo y sangrando por todos los orificios rodeado de enormes soldados de feroz aspecto y aparentemente embriagados.
A pesar de lo atroz de la situación, el artista ha conseguido plasmar en la cara del niño mártir una expresion de éxtasis similar a la orgásmica expresión de gozo habitual en las místicas.
Este cuadro goza de especial predilección entre los seminaristas que se preparan para su futura labor pastoral en el seminario de Módena y que se dejan caer por la vecina Basílica de Nuestra Señora de las Llagas donde se encuentra expuesto al público.

segunda-feira, 8 de fevereiro de 2010

La ciudad es un gigante

La lluvia en São Paulo se diferencia de las demás lluvias del mundo por su violencia y su intensidad. Es una lluvia capaz de intimidar a alguien como yo. poco acostumbrado a excesos. Yo, que nunca fui una persona de excesos a pesar de dedicarme a buscarlos y de vivir en una ciudad donde abundan los excesos de todo tipo, que curiosamente nunca llegan a parecerme realmente excesivos.
Las primeras gotas te sorprenden incauto mientras estas sentado en el balcón, con un libro de Bolaño, leyendo tan tranquilo, como si estuvieras ajeno a todo pero sin estarlo realmente, apenas levantando ocasionalmente la vista del libro para posarla en la calle con la misma indolencia con la que miraría un señorito andaluz sus posesiones.
De repente el cielo se oscurece como anunciando que - finalmente- el mundo llego a su fin. En perfecta coreografia, el sol se oculta para dejar paso a una lluvia, digamos, de verano. Hasta aquí nada de especial. En pocos minutos y ante tus ojos, lo que comenzó como un chaparrón de verano se convierte en una tormenta acompañada de súbitos trallazos y relámpagos. Por un momento me siento felíz al pensar que el fin del mundo ha llegado. Las alarmas que se disparan de los coches aparcados en la calle y que se ven azotados por las trompas de agua así parecen confirmármelo. Por las puertas abiertas que dan al comedor me llega el sonido de la televisión donde una locutora parlotea sin más público que los muebles de la habitación. La chica del noticiero no tarda en hacerse eco de nuevas inundaciones en la zona Oeste, como ya ocurriera la semana pasada con la zona Sur y la anterior, con la zona Centro.
La ciudad es un gigante enfermo y sus quejídos a veces son estruendos y a veces apenas un murmullo. Las pantallas en el Mando de Control de Tráfico que monitoran el entramado viario de la gran metrópolis comienzan a llenarse de luces rojas que parpadean alegremente. Los motoboys, esos mensajeros sin ley y auténticos dueños de las calles, buscan refugio debajo de los puentes para cubrirse con ropa de plástico que parece hecha a base de bolsas de basura negra, con pequeñas bolsas del mismo plástico y color con los que cubren los zapatos y que me recuerdan a los que se usan en los quirófanos.

Y yo sigo sentado en la mesita del balcón, con Bolaño como toda compañía (estoy por tanto, muy bien acompañado), y miro hacia la calle para ver la gente correr- hombres de traje y corbata que se apresuran cubriendose inútilmente la calva con el peródico (ya deshecho por el agua) y madres heróicas que arrastran de la mano a niños obesos y que, para mis adentros, pienso, no merecerian ser salvos, y las veo taconeando hacia el refugio más próximo, que es en este caso el super y yo que los miro desde la altura del piso diecisiete y que me da ganas de reir, imbécil, recostado cómodamente en el respaldo de la silla de madera, la misma que compré en Tok & Stock junto con la mesita a juego, y pienso que esta mesita es casi idéntica en su sencillez a la que tengo en otro balcón a 8.000 kms de distancia, en otra ciudad y con vistas al mismo cielo y a las mismas nubes, solo que desde la proximidad que da un piso veintitrés.
El día, que había comenzado tórrido, un día típico de verano de esos en que los paulistanos atrapados en la ciudad se refugian en la piscina del condominio, se transforma en las ultimas horas de la tarde con los nubarrones negros que aparecen en el horizonte de manera inesperada y que se aproximan amenazadores y a gran velocidad. Y siento que conforme se van acercando va aumentando mi gozo, que no es otra cosa que una especie de felicidad culpable.
En cuestión de minutos comienza a caer sobre la ciudad la primera avanzadilla en forma de tímidas gotas, gotitas que no tardan en convertirse en gotazos cada vez más pesados. Las estadísticas se apresuran a confirmarnos que se ha vuelto a batir un nuevo récord de precipitaciones medidas por milímetros cúbicos caídos sobre la ciudad. Se producen inundaciones en barrios periféricos de la zona Este y ahora tambien en las amplias avenidas de la zona Centro y Centro-Sur, importantes arterias que cruzan la ciudad en todas las direcciones, como los navajazos de un psicópata furioso y por las que sangran miles de conductores en sus desplazamientos diarios. En cuestion de minutos se ven cortadas al tráfico ante la incapacidad del alcantarillado de dar abasto ante tal cantidad de agua.
Muy lejos, en un mundo que parece sacado de otra dimensión pero que en realidad se encuentra a tan sólo a un par de kilómetros, se producen desmoronamientos de infraviviendas y cuerpos quedan sepultados bajo el barro.
La ciudad, asediada, se resiente en sus partes más degradadas, el estruendo de los derrumbamientos -según dicen con voz trémula testigos presenciales asustados- es un queijdo comun a sus habitantes, los que ya no pueden -ni quieren- aguantar su situacion por más tiempo.
La television retransmite imágenes de sus calles inundadas filmadas desde la distancia y la seguridad del helicóptero de la GloboTV y nos muestra a vecinos que se desplazan, cómicamente, en improvisadas barcas. Parecería, una vez más, que Dios encuentra siempre la manera de divertirse con las desgracias humanas.

Como les ocurre a los locos, al ver llover así me siento pequeño y feliz. Y me alegra saber que ese dia en el psiquiatrico de Mondragon sera dia de fiesta y que el poeta de Astorga, recluso de honor - pues ya fue nino maldito en los 70- se sentira mas inspirado que nunca.

La ciudad es un gigante en constante mutación, es un ser vivo de dimensiones monstruosas que se va transformando discretamente como el cuerpo de una adolescente y cuyas transformaciones solo percibes al encontrartelo frente a frente por la primera vez después de un tiempo, transformaciones tan lentas que en un princípio pasarian desapercibidas al ojo humano o tan rápidas que solamente podrían ser capturadas por una cámara ultra sensible y que nos desvelaria, frame by frame, sus aspectos más grotescos, como la cara que recibe el impacto de un puñetazo y se deforma en cámara lenta con una expresión idiota o como la sandía desintegrada al ser atravesada por la bala.

sábado, 23 de janeiro de 2010

La foto de la pagina 330

El dia antes de volar de vuelta para Sao Paulo y aprovechando los precios irrisorios de los libros en California, adquiri la semana pasada, y por menos de 20 dolares, un volumen llamado The Holocaust Chronicle (A History in Words and Pictures) profusamente ilustrado. En su interior, aparte de gran numero de datos e informacion explicativa esperaba encontrarme con las habituales fotografias ya conocidas y ante las que, a fuerza de haberlas visto tantas veces y por el hecho de haber visitado ya algun campo de exterminio, creo estar si no inmunizado, al menos preparado psicologicamente. Sin embargo, y para mi sorpresa, en la pagina 330 me encontre con la escena mas inquietante y descorazonadora de las que he visto hasta hoy.
La foto en cuestion resume con una brutalidad aplastante el increible potencial de maldad y deshumanizacion que situaciones como la vivida en Europa durante la mitad del siglo pasado o mas recientemente en otras partes del planeta, acaba siempre por salir a la luz. No se trata de una de las habituales imagenes de campos de concentracion, ni tampoco muestra las fosas comunes con los cuerpos amontonados, apenas esqueletos, ni siquiera reproduce escenas de humillacion o de ejecuciones sumarias que acabaron con la vida de tantas personas, judios y no judios.
Un lector distraido creeria estar, al mirarla sin demasiada atencion, ante una escena desenfadada en la que dos mujeres parecen estar jugando, una de ellas, la mas joven, cargando en sus brazos a otra (su madre, su vecina?) como a la carrera, como participando, entre risas, de algun juego bobo de aldeanas.
Una mirada mas atenta y prestando una mayor atencion a las caras de las dos mujeres, revela lo que la escena realmente esta representando. En la foto una joven polaca, rubia y robusta, de unos treinta y tantos anos y aspecto saludable, se dirige sonriente hacia la camara cargando en volandas con otra mujer mucho mas vieja, probablemente una vecina del pueblo, que llora y mira a la camara con desesperacion.
El pie de pagina explica como la joven polaca esta entregando, literalmente, a su vecina judia; vecina que probablemente habia tratado de esconderse y salvarse ante la llegada al pueblo de la Gestapo con la mision de identificar y deportar a todos los judios de la localidad.
A juzgar por la expresion de la joven uno diria que esta participando de un concurso de esos idiotas que salen en la television en la que los participantes tienen que cargar con su companera de equipo para llevarla desde el punto A al punto B. Incluso podria tratarse de una de esas carreras o concursos entre vecinos que se organizan con motivo de las festividades por el patron del pueblo o el dia de la matanza.
A la joven polaca se la ve feliz y despreocupada, intimamente satisfecha por su aportacion desinteresada a la limpieza de su comunidad. Se trata probablemente de una, hasta la fecha, esposa y madre ejemplar, ciudadana que si existiera hoy seria ejemplo de urbanismo, convecina consciente de la importancia del reciclado y separacion de la basura segun se trate de residuo organico, vidrio o metal.
Por otro lado, la mujer que se ve levantada en el aire y transportada sin demasiado esfuerzo, como si en lugar de un ser humano fuera apenas un pelele de trapo o un maniqui, tambien esta mirando a la camara, tambien nos esta mirando, solo que en su cara hay lagrimas y desesperacion, el horror en estado puro. Aun lleva el delantal, como si la locura que ha caido sobre su pueblo y que se ha apoderado de sus vecinos gentiles la hubiera sorprendido -incauta- haciendo sus labores en casa o cocinando para su marido o hijos.

Un dia cualquiera de 1942. Alemania y la guerra quedan lejos. Como tambien quedan lejos Varsovia, Cracovia o Lodz de las que solo llegan noticias preocupantes. Una buena manana, la vida cotidiana se ve interrumpida para siempre. De repente se oye agitacion en la calle, algun grito, carreras, desesperacion y miedo que se instala en los ojos de la familia sentada alrededor de la mesa. Se miran sin reaccionar, como el animal sorprendido de noche en medio de la carretera e iluminado por los faros delatores, paralizado ante los focos durante segundos que se hacen eternos. Le sigue una secuencia delirante e irreal; Esconderse, huir de la Gestapo que acaba de llegar al pueblo con sus listas de nombres y direcciones, ser sorprendida y delatada por tus vecinos y conocidos -en el mejor de los casos, indiferentes a tu suerte- y ser entregada, arrancada de tu hogar y de tus familiares y verte cargada en volandas por las calles conocidas, ante los demas vecinos, ante la ciudad entera, sin tiempo de quitarse el delantal ni de retirar los pucheros de los fogones.

Lo mas grave de esta foto es que una vez has cometido el error de mirarla, nunca mas podras olvidarla. Al menos en mi caso.

De todo lo que la mirada de esta mujer nos esta diciendo prefiero no seguir hablando por mi propia salud mental. A-b-i-s-m-o serian las seis letras que mejor lo pueden resumir. Y si se puede sentir odio hacia quien solo has visto en fotos, eso es lo que siento en este momento ante la joven mujer polaca, vecina ejemplar de Swierze. Porque cada vez que la miro se me eriza el vello y siento escalofrios y tambien siento mia la desesperacion de su victima. Y quisiera poder rezar un kaddish por ella, quisiera creer que su final fue rapido y sin demasiado sufrimiento. Quisiera creer que esa foto se trata tan solo de un montaje y que las protagonistas son apenas actrices pagadas para la ocasion y que despues de posar para el fotografo comentan entre risas la situacion, amigas ademas de companeras de profesion, pensando quizas en un proximo trabajo.
Pero ante todo, quisiera que la joven polaca reviva ese dia nefasto una y otra vez todas las noches de su vida, que se vea como yo la estoy viendo hoy antes de dormir, sabiendo que un dia sera juzgada por su infamia. Y sobretodo, quisiera que en su hora final no conozca la piedad.
Cuando pienso en la foto de la pagina 330 la rabia me impide creer en la Humanidad.

terça-feira, 22 de dezembro de 2009

La musa del niño ñoño

La musa, esa esquiva amante que aparece y desaparece a su antojo sin dar ningun tipo de explicación. La muy golfa va y se me cuela en los momentos mas inoportunos. Hoy, por ejemplo, se me ha presentado mientras dormía, nada menos que a las cuatro de la manana.
Me encontraba paseando tan tranquilo por una ciudad que tan sólo existe en mis sueños y que suelo visitar con frecuencia cuando no tengo nada mejor que hacer. Me veía paseando por su centro y disfrutando de las calles decoradas con motivos navideños y sorprendiéndome de lo diferente que se veía la ciudad con ese aspecto invernal tan distinto al de las otras veces en que la he visitado. Una ciudad sin nombre cuyo plano, a pesar de no existir ni aparecer en mapa alguno, podría dibujar mentalmente. A veces mis pasos me llevan hasta un barrio más moderno situado en las afueras donde aparentemente tengo un piso y en el que cada vez que voy me sorprendo con el avance de alguna construcción. Y es que en ese barrio se ha construído mucho en los últimos tiempos.
La susodicha inspiración no entiende de horarios ni de consideración. Es por eso que suele resultar tan inoportuna como las visitas que nos hacía Angelita, nuestra antígua vecina de cuando aún vivíamos en la calle Puerto Rico y que años después de habernos mudado de piso y de barrio aún continuaba visitándonos. Solía dejarse caer los sábados a media mañana cuando nos encontrábamos en pleno zafarrancho de combate, es decir, la limpieza de la casa. Y es que los sábados era la parte de la semana dedicada a poner orden. Ese dia atacábamos cada uno una parte específica de la casa que previamente había sido dividida en sectores. La ofensiva era coordinada por un alto mando compuesto por mi padre y por mi madre, quien armada por la Vaporetta iba dando, en su avance, instrucciones a la infantería dotada de paños y bayetas, limpiacristales y sprays variados al cinto listos para la acción dependiendo de la superfície a limpiar (superfícies de madera, mármol o cuero). Mientras nos afanábamos por terminar la tarea al ritmo de Rimsky-Korsakov y otros compositores rusos, sonaba de repente el timbre de la calle que presagiaba una visita no anunciada, y a continación aparecía Angelita siempre acompañada por su hijo Manolo, un buenazo que sufría de hidrocefália y que nos traía siempre caramelos, pero cuya cabeza desproporcionada me horrorizaba y me provocaba instintivamente rechazo. La cruel sinceridad de los niños.
Pues como decía, no he tenido más remedio que recibir a tan inoportuna visita a pesar de lo intempestivo de la hora. Me ha obligado a levantarme y arrastrarme hasta la sala, encender el ordenador y prepararme un té en el microondas mientras lentamente se van abriendo las aplicaciones y se establece la conexión para acceder al blog. De cualquier manera no habría podido continuar durmiendo pensando que cuando fuera a levantarme más tarde habría perdido la inspiración.
Por desgracia para mi afición literaria (y por suerte para mi equilibrio emocional) cuento con la enorme desventaja de haber tenido una infancia feliz. Ya es sabido que una infancia maltratada es filón inagotable para las mas creativas e ingeniosas obras de arte. La influencia de recuerdos perturbadores acaba siempre por manifestarse de manera consciente o subconsciente sobre el artista, sea escritor o artista plástico. La impecable felicidad en mi infancia, de la que culpo principalmente a mis padres, me excluye inevitablemente del Parnaso de genialidad creativa al que únicamente pueden acceder las mentes torturadas por recuerdos y experiencias marcantes en momentos decisivos de su formación.
Y conste que yo hice todo lo que buenamente estuvo a mi alcance para evitar caer en el horror de la normalidad. Prueba de ello es que en la mayoría de las fotos en las que salgo de pequeño o estoy llorando o estoy enfurruñado. Se me ve siempre a un lado o apartado de los demás niños, que eran normalmente hermanos o primos, ya que amiguitos, lo que se dice amiguitos, había pocos. El ojo atento de un psicólogo infantil lo interpretaría como señal prematura de inadaptación, sin embargo yo sé que no era más que un intento consciente por destacarme y recibir, a través de mis pataletas, la atención especial de la que sin duda era merecedor y que jamás consentiría en dividir con los demás.
Lo cierto es que por muchos delírios que uno tenga, la realidad acaba por imponerse. En una inútil tentativa por diferenciarme, recuerdo que incluso hice lo posible por convertirme en zurdo, peculiaridad que envidiaba en otros niños y que a mis ojos era el colmo de la sofisticación. Con mucha voluntad y determinación me puse a practicar pacientemente con los cuadernos Rubio de caligrafía para aprender a escribir con la mano izquierda. De poco me sirvió la habilidad innata para el dibujo que ya me había hecho merecedor de más de un sobresaliente en la asignatura de expresión plástica y que sin embargo, no consiguió que las letras resultantes pasaran de torpes garabatos cuyo trazado un mono borracho y con Parkinson habría conseguido mejorar.
Como en la vida no todo son frustraciones y siempre hay una de cal y otra de arena, poco tiempo después se me diagnosticó durante un examen rutinario del colegio una levísima dislexia que me llevaba a confundir las b con las d y las p con las q.
Sin duda un premio de consolación que me llenó de satisfacción y orgullo por saberme diferente.