terça-feira, 10 de agosto de 2010

Un cuento de verano (I)

Aquella tarde lluviosa de final de verano respiraba a misterios y falsas historias de fantasmas.
Hacía ya varias horas que llevabamos encerrados en la vieja casa de la abuela de Alvarito llena de habitaciones abandonadas que olían a polvo acumulado y a humedad. La lluvia torrencial había hecho imposible continuar con la competición de acrobacias en el improvisado circuito de bici-cross en las heras a las afueras del pueblo en el que solíamos matar las interminables tardes de verano y del que rara vez conseguíamos salir sin magulladura.

El apagón generalizado causado por el fuerte aparato eléctrico de la tormenta cuya llegada nos habían estado anticipando los noticieros de las televisiones locales de manera machacona en los últimos días como si se tratase de la llegada del mismísimo Apocalípsis, nos había condenado a la luz mortecina de las velas que habíamos distribuído con la ayuda de los más variados recipientes por las principales habitaciones y pasillos de la vieja casa, ignorando las protestas de la neurótica de Isabel, la prima madrileña de Alvarito e hija única, para más inri, de bombero, que ese verano se nos había pegado a la panda como un chicle a la suela de un zapato.

Tras varias horas intentando no aburrirnos tratando de adivinar las imágenes grotescas que arrojaban nuestras manos gigantescas y deformadas en su proyección sobre la pared del enorme comedor lleno de sombras (en aquellos lejanos años 80 aún no existian los móviles ni mucho menos Internet) dedidímos ponernos a jugar a las adivinanzas. Cada uno de nosotros tendría cuatro tentativas para adivinar el secreto del personaje propuesto que siempre habría de ser conocido por todos los presentes.

-Por ejemplo, dije dando início a la ronda de adivinanzas, adivinad a que hubiera querido dedicarse realmente mi padre.

Todos los que estaban en la habitación de la casona conocían la fama de crápula de mi padre así como su desmedido interés por la buena vida. Mujeres, juego y bebida constituían la Santísima Trinidad a la que había dedicado su vida con una devoción tan intensa que provocaría rubor a nuestras vecinas de rellano, las famosas Caperucitas; dos hermanas solteronas a las que siempre había conocido de riguroso luto vistiendo púdicas faldas negras y rebecas a juego con sus bolsos de polipiel del mismo color y que nos provocaban una mezcla de risa y aprensión en las ocasiones en que nos las encontrabamos saliendo o entrando del apartamento luciendo mantilla y teja alta en su condición de Miembros de Honor de la Hermandad de Nuestra Señora de Maria Mantelate, cofradía de longíqua tradición dedicada al reciclado, tutelado y reparación de las almas descarriadas de las jovencitas ligeras de cascos que abundaban por nuestra comarca.

El caso es que mi padre Ramón Fernoll, más conocido simplemente como Don Ramón, y para quien yo era el quinto y último eslabón de una loca secuencia que habia comenzado en los boyantes anos 70 en los que con la colaboracion de mi madre habian decidido traerme a mi y a mis hermanos al mundo casi en producción en cadena (saliamos a un hijo por ano), productividad que reflejaba el momento de expansión y crecimiento de los negocios inmobiliarios de mi padre. Cuando varios años mas tarde llegara la época de las vacas flacas, ya en los últimos estertóres de los años 80, en que seríamos testigos del desmoronamiento de su pequeño imperio con la misma velocidad con la que había crecido, ya era demasiado tarde como para plantearse una planificacion familiar mas acorde con el limitado presupuesto familiar.
Mi padre, dicho sea de paso, nunca se dio por vencido ante los reveses de fortuna y continuó enfrascándose con gran empeño en todo tipo de iniciativas comerciales haciendo gala del mismo espíritu emprendedor de mi abuelo y de mi bisabuelo indiano, quien muchos años antes, tras su regreso a Valencia tras la pérdida de Cuba, había conseguido triunfar como fabricante de jabón y productos de desinfección, de gran demanda en aquella época.

segunda-feira, 2 de agosto de 2010

El té, con leche, por favor!

Tras más de tres años viviendo en São Paulo ya se que únicamente puedo pedir té con leche en aquellos lugares o restaurantes más sofisticados.
Al principio lo solía pedir siempre que me ofrecían café al acabar de comer. Mi petición era inevitablemente recibida con caras de extrañeza por parte de los camareros, poco acostumbrados no tanto al tipo de petición como a mi acento de extranjero. En algunas ocasiones el camarero asentía y desaparecía para aparecer de nuevo unos segundos después acompañado de refuerzos personalizados en la figura de otro camarero, imagino que con mayor experiencia y mas avezado en este tipo de situaciones difíciles al que, invariablemte, tendría que repetir mi petición. La situación se repite siempre que voy a pedir un burguer y solicito que la cebolla, en lugar de frita, como es costumbre aquí. sea una rodaja entera y cruda.

En el tiempo que llevo viviendo aquí, comiendo casi todos los días fuera de casa, ya he aprendido que independientemente de si me entienden o no, el camarero brasileño nunca va a tener valor de preguntarme qué es exactamente lo que quiero. Simplemente asentirá y hará lo que a su mejor manera haya entendido, o como en el caso anteriormente relatado, pedirá refuerzos y ayuda a otro compañero.
La cuestión es que por motivos que desconozco, sea por educación, por evitar molestas complicaciones o sea por pasarle la patata caliente a otro, nunca son capaces de preguntarme y aclarar de una vez las posibles dudas.

sexta-feira, 30 de julho de 2010

Vinicius, 4 anos despues


Decirte que no hacia falta que te fueras de esa manera es algo que resulta obvio. Primero, porque ya no estas aqui para oirme, segundo, porque de nada habria servido decirtelo antes, mis palabras no habrian tenido el menor efecto.

Trastorno depresivo, inadaptacion social, hipersensibilidad frente a un mundo que se desmorona, cobardia, aislamiento, angst adolescente, valentia, mucho se ha escrito sobre los motivos que te llevaron a creer que la vida no valia la pena. Ahora poco o nada importa. Cada uno es libre de hacer su propia valoracion. Probablemente todas esas interpretaciones tengan algo de verdad.

Es posible incluso que todo ese sufrimiento, demasiada carga para unos hombros tan debiles, pudiera haberse solucionado con unas cuantas dosis de pastillitas azules capaces de regular los niveles desequilibrados de los neurotransmisores de tu cabeza.
O a lo mejor tu inteligencia privilegiada te permitio asomarte al abismo y ver con claridad lo que los demas mortales apenas conseguimos sospechar. La verdad nunca la sabremos y, de hecho, puede que sea mejor asi.

El caso es que llego un dia en que te negaste a seguir intentandolo. O mejor dicho, puede que tras meses de intentarlo en vano, probablemente, mas por tu familia que por ti, acabaras convenciendote de que no habia otra solucion. Una mente sumamente racional es capaz de las peores atrocidades para con uno mismo. Al fin y al cabo, el infierno somos nosotros.

En tu inmensa frustracion, decidiste pedir la ayuda equivocada a tus amigos virtuales, amigos que desinteresadamente te ofrecieron diferentes maneras de poner fin a tu existencia con el menor sufrimiento posible.
El dia senalado no te temblo el pulso y te mantuviste conectado al ciberespacio en el que te habias dado a conocer, informando fielmente a todo aquel que quisiera leerte en tu avance hacia una muerte anunciada y premeditada. Y asi de facil, paren el mundo, que me bajo, te saliste por la puerta de atras dejando un mar de preguntas y desconsuelo.
Cuatro anos despues de tu marcha tu musica aun sigue viva propagandose por la Red y despertando admiracion en los 5 continentes.

Quiero creer que si hubieras conseguido aguantar un poco mas y dejar atras esa edad dificil habrias dejado de ser tan vulnerable y hoy estarias disfrutando del exito que sin duda te estaba reservado. Infelizmente, eso ya no lo veremos. Apenas quedan unas cuantas canciones que son testigo de tu genialidad, paginas sueltas del gran libro que nunca llegaras a escribir y del que nos privaste para siempre aquel 26 de julio del 2006.

Aun cuesta creer que detras de esas letras que hablan de sufrimiento adulto se escondia un muchacho de apenas 16 anos con dificultades para relacionarse en el mundo real y que sin embargo, gozaba de la admiracion y respeto de sus amigos virtuales.

Ya han pasado tres anos desde que conoci tu historia- te habias ido 1 ano antes - y aun me resulta increible pensar como un chaval de Porto Alegre (Gay Harbour, como solias referirte a tu ciudad) fuera capaz de componer y escribir letras con tanta fuerza y sensibilidad.

Hoy Yonlu cumpliria 20 anos.

sábado, 10 de julho de 2010

Casi, casi, Itaca

Llegar a Heathrow tras casi 12 horas de vuelo, desembarcar ordenadamente, subir y bajar escaleras mecánicas, pasar el control de inmigración sin colas ni grandes ceremonias de los pasajeros nacionales y comunitarios, recoger la maleta Samsonite de color negro que ya da vueltas impaciente en el carrusel de la cinta automática, ser interceptado por un joven agente, alto, rubio, inglés, que interrumpe mi paso decidido al cruzar bajo el cartel verde de nothing to declare y que tras las preguntas de rigor, de dónde vienes (from Sao Paulo), para cuanto tiempo te quedas (just for 1 day), revisa mi pasaporte y al percibirse de mi nacionalidad me pregunta por mi previsión al partido del domingo, final de la Copa del Mundo.
- 2-Null for Spain, le digo sin titubear, a lo que acto seguido, me sonrie, pone de vuelta el pasaporte en la mano y deseándome suerte, me permite continuar mi camino.
Bajar, por primera vez al metro, al London Tube, tras los casi 3 años que llevo viviendo en Brasil. Espero apenas 2 minutos hasta que llega mi tren, inicio de la Picadilly Line. Voy leyendo los nombres de las estaciones indicadas en los mapas que cuelgan en las paredes de los andenes por los que pasamos y que, tan familiares y tan remotos al mismo tiempo, remueven mi conciencia y sensibilidad. El jet-lag sin duda me hace especialmente sensible y me siento confundido por mil sentimientos contradictorios al recordar momentos y escenas relacionadas a cada una de las estaciones; Osterley Park, Earls Court, Wimbledon, final de la District line.
Porque fueron 7 años los pasados en esta ciudad donde (aún) tengo casa y amigos. Un pedazo importante de mi juventuz e inicio de la madurez al que apenas había dedicado tiempo para pensar durante el último lustro. Buen ejemplo de moving on, como dicen los ingleses.
El penúltimo episodio de mi vida reducida a imágenes de cartón postal que no reflejan las vivencias y transformaciones íntimas que han jugado un papel clave en la formación de quien hoy soy.
Durante el trayecto que me lleva desde Heathrow a Earl´s Court observo a las personas que entran y salen del vagón que a cada estación se va llenando cada vez más. Es viernes por la tarde y hace un sol de justicia. 34 C había anunciado orgulloso el piloto poco antes, al posar el gigantesco 777 con docilidad y darnos la bienvenida al Reino Unido. El típico día soleado que en Londres, por infrecuente, casi una raridad, siempre es celebrado con explosiones eufóricas de sus habitantes que toman al asalto los diferentes parques, jardines y terrazas de la ciudad. Un día en que quedarse en casa en lugar de salir para disfrutar del sol es considerado casi como una ofensa nacional. A mí, la persona más feliz del mundo al ver llover, esos dias siempre me parecieron deprimentes.
Antes de acudir al Costa Café del Soho para encontrarme con los amigos a los que no he visto desde mi marcha a Brasil, decido acercarme a West Norwood para echar un vistazo al apartamento con la excusa de conocer personalmente a la actual inquilina.
La entrada medio cutre a la que se accede al edificio victoriano de tres plantas por una calle trasera, paralela a la calle comercial a la que dan las ventanas del piso, con su algún que otro mueble abandonado y bolsas de basura, las cartas y los varios sobres de publicidad desparramados por el pequeño rellano que me dan la bienvenida mientras subo a grandes zancadas hasta el 3 piso, me produce un gran contraste con el acogedor estado del apartamento.
Afortunadamente, Nathalie, la abogada soltera que comparte el piso con su pez de colores -previa autorización por escrito- y su colección de novelas románticas, no necesita esforzarse demasiado para convencerme de que es una maniática de la limpieza y el orden.
Respiro aliviado y tras los formalismos habituales abandono el piso aliviado pero también con un cierto sentimiento de envídia al ser ella quien está disfrutando del apartamento y no yo. Por un momento me imagino como sería vivir allí con Matt, proyecto con el que habíamos fantaseado en numerosas ocasiones, y decido que solamente podría considerar seriamente la idea de vivir algún día en Londres si fuera para vivir felíz en pareja. Por algún motivo, de repente la vida de soltero en una ciudad como Londres se me antoja insoportable.
Mi paso rápido de apenas 18 horas por la ciudad que me acogió y cuidó de mí hasta mi recuperación por completo de un batacazo profesional a finales del año 2000 (y un día hablaré de AENA) y en la que no fuí ni más feliz ni menos que en cualquier otro sitio - la felicidad, dicen, la llevamos dentro- hace que mil sentimientos se agolpen dentro de mi a la mañana siguiente durante los escasos 30 minutos que tarda el Gatwick Express en llevarme de Victoria St. al aeropuerto.
Filas ordenadas, hordas de turistas ingleses en su mayoría matrimonios jóvenes con hijos de corta edad cargados de maletas y carritos plegables, grupos de amigos en chanclas, shorts y gafas Ray-Ban camino de Ibiza y sucedáneos (la verdad, tanto daba Espana, que Italia o Grecia) en busca de las 3 eses (sun, sea & sex), la inevitable camiseta de Superman o el ridículo sombrero mexicano adquirido durante las vacaciones el año anterior en algún lugar de Gran Canaria, el chico en la fila del check-in que lleva la misma camiseta que tu y con el que evitas la mirada mientras piensas en cómo la misma ropa en otros nunca les queda igual que a uno. O les queda mucho mejor o mucho peor, pero nunca igual. Un insufrible padre de familia que viaja con una prole de número indeterminado a juzgar por la numerosa parafernalia y complicada logística con la que dificulta la colocación del equipaje de mano a los demás pasajeros, entre los cuales yo me incluyo, en los compartimentos superiores de la cabina, que luce con orgullo una apretada camiseta de Ghostbusters que oprime su vientre abultado y que confirma, sin necesidad siquiera de decírlo, su pertenencia a la tribu de los nerds.
El vuelo de dos 2 horas y 20 minutos de los cuales me paso durmiendo 1 hora y 40 minutos tras una larga noche de rumba, como se refieren los colombianos al salir de fiesta, marcada por poco sueño, el ya mencionado jet-lag y una dosis excesiva de paracetamoles.
De repente, y sin apenas darme cuenta, me encuentro en casa.

sábado, 26 de junho de 2010

Patria, Dios y Futbol...

Y llega un buen sábado por la mañana, con la privacidad que me ofrece encontrarme sólo en casa y por tanto, sin necesidad de fingir ante nada ni nadie, en que me sorprendo encendiendo la TV con la intención manifiesta y declarada de asistir un partido de fútbol.
En princípio nada habría de especial en ese hecho pues se trata apenas de un hogar mas entre los millones de telespectadores que siguen los mundiales de fútbol tanto en Sao Paulo como a lo largo y ancho de Brasil y del planeta entero.
Por muy inaudito que pueda parecer en mi caso, el acto de encender la tele para ver el fútbol ha sido una elección personal y libre y que se ha impuesto a otras actividades alternativas tan sanas como podrían ser continuar con la lectura de la biografía de Chagall (ya en sus últimas 100 páginas), bajar a almorzar a mi padaria favorita (sábado es día de feijoada) o aprovechar el soleado día de invierno para acercarme y darme un par de vueltas por el parque de Ibirapoera (auténtico Central Park saopaulino).
Y de repente me sorprendo disfrutando como un enano del partido y celebrando el gol de Luis Suarez con el mismo entusiasmo que poco antes había celebrado el gol de Lee Chung -coreano monísimo, todo sea dicho- y una parte dentro de mí, alarmada, apreta mentalmente el botón de pausa que congela el momento para preguntarme cómo he podido llegar a este punto.

Déjame dejar primero una cosa bien clara; Er furbo ni me gusta ni me gustará nunca.
Primero porque nunca le vi sentido a ver a 22 adultos de calzon corto corriendo para arriba y para abajo detras de una pelota durante casi dos horas. Menos aún consigo entender el entusiasmo de las masas al ver ganar o perder a su equipo domingo tras domingo.
Sinceramente, siempre me ha parecido una triste pérdida de tiempo y con frecuencia he sido el primero en ridiculizar a toda esas afición desmesurada por la que me he visto rodeado en cualquiera de los paises donde he vivido hasta ahora, España, Alemania, Inglaterra, y Brasil, lo que se dice pronto.
Durante muchos anos de mi vida lo he odiado con la intensidad propia de quien se reconoce inepto para cualquier actividad deportiva que implique la coordinación de los miembros, inferiores o superiores, en contacto con un esférico de dimensiones indeterminadas, ya sean las de un balón reglamentario de futbol, de basquet o las diminutas pelotitas de ping-pong, que para el caso es lo mismo.
Desde niño he dedicado una gran dosis de la energía que me proporcionaban los Cola-Caos a odiar no solo al juego sino también a todo lo que venía a representar, verbigracia, la automática popularidad a la que eran catapulcados los compañeros del colegio más diestros con las piernas, la ostentosidad de una heterosexualidad implícita, su mal disimulado machismo, la superioridad del físico frente al intelecto, la selección natural del más fuerte, en fin, el triunfo de la burricie sobre la sensibilidad.
En mi intento por reafirmar mi voluntad de ser reconocido como diferente, el repelente niño Vicente que era se vanaglorió siempre de su supino desconocimiento de las diferentes formaciones de la Selección Nacional, de los últimos resultados del Valencia CF y su posición en el palmarés de la Liga o de quién fue el último ganador de la Copa del Rey o de la UEFA.
A mi entender, mi ignorancia en esos asuntos implicaba un reconocimiento automatico de una superioridad intelectual propia de almas mas sensibles y cultivadas. Ni que decir tiene que nunca pasó por mi cabeza el pararme a admirar la intensa preparación física que, como atleta de alto rendimiento, necesita un buen jugador para conseguir dominar del balón y driblar hasta zafarse de su oponente ni mucho menos pararme a pensar en la inteligencia, con sus justas dosis de estrategía y psicología, que es necesaria para conseguir una victoria.
En un mundo donde lo que no es blanco, es negro, las tonalidades gris quedan reducidas al mundo de la fantasía o del delírio.
Hay palabras y conceptos que en el código interno de mi entorno supuestamente progre, contestatario, laicista, y liberal siempre han estado envueltos de un peligroso tufo reaccionario. Me estoy refiriendo, como no, a los conceptos de Patria, Dios y Futbol (con perdón).

El tufo de las dos primeras, me llegó heredado de una generación que nació, creció y vivió la mayor parte de su vida secuestrada en un régimen nacional-catolico que de manera machacona se apropió de conceptos tan ambiguos y personales y cuya peculiar interpretación travestida de verdad absoluta se dedicó a ensalzar durante 39 largos años hasta terminar por vaciarlos de su rico significado personal. Nosotros, que en la Universidad nos considerábamos nacionalistas, aún nos resulta difícil reconocer en público alegría por el triunfo de la Selección Nacional (por no decir España, esa palabra que suena tan feo). El hecho de que La Roja esté formada por apellidos catalanes no es suficiente para abrir la coraza que envuelve el corazón nacionalista y dejarnos llevar por la corriente de furor futbolístico.
Entonces, que esta pasando conmigo? Que hace un supuesto catalanista, ateo y maricón agradeciendo a HaShem por el gol, digamos, de Iniesta, confirmando la ventaja de España sobre Chile? Será que a los 40 años, tras tantas renuncias y traiciones a mi mismo, las propias de la vida, he acabado por renunciar a tan altas aspiraciones y claudicado al embrutecimiento del circo romano?

Los amigos con los que estoy en contacto ininterrumpido a través del Facebook gracias a su aplicación para Blackberry que me permite compartir con ellos momentos tan importantes de mi día a día como que la fabada Litoral del día anterior me ha sentado fatal o el goteo del grifo del baño del vecino no me ha dejado dormir en toda la noche, no pueden menos que alucinar con el entusiasmo con el que sigo La Roja. Para tranquilizarles les digo que no se preocupen, que sin duda es la distancia del terruño que hace mas entrañable cualquier cosa que nos haga sentirnos más cerca de casa, que se acuerden de los anuncios de La Jijonenca o de como los emigrantes españoles en Lyon se ponían a llorar con los primeros acordes de pasodoble de Suspiros de Espana o para no irnos tan lejos en la Historia, los estudiantes de Erasmus en Mainz al escuchar el último del Bisbal...

Y es que, y aquí viene mi reflexión, no somos mas que unas tristes figuras cuyas vidas, marcadas por pequeñas y grandes alegrías o desgracias, no hacen mas que reafirmar la inevitable banalidad de nuestra existencia. Lo importante se convierte en banal bajo una mirada ajena e indiferente. La alegría y las lágrimas originadas por la pérdida de tu equipo de fútbol o la muerte de Michael Jackson, acontecimientos ambos a cuya transcendencia soy impermeable pero que, por motivos que desconozco, son capaces de llegar al corazón de tantas y tantas personas, son tan reales e intensas como mi satisfaccin al pensar en la captura de Eichmann en Argentina por agentes del Mossad hace 40 años o mi tristeza al leer sobre la enfermedad y muerte de Freddy Mercury. Cada uno de nosostros es prisionero de sus propias fílias y fobias.

Gusto y afinidad no se puede discutir ni mucho menos imponer. Ay, Benedicto, si me escucharas...

domingo, 13 de junho de 2010

La vida soñada

Cuando escribo sobre la vida soñada no me estoy refiriendo a la vida que me gustaria tener ni tampoco en lo que me gustaria verla convertida. Me estoy refiriendo a la vida que vivo durante mis sueños.
Para entender realmente la vida, la mia y la de todos, pienso que habria que considerar los dos planos en que ella discurre, la vida real y la vida soñada.
Si contamos con que de las 24 horas del dia duermo una media de 8 horas (contando las 6 o 7 horas diarias que duermo durante la semana y las añadidas durante las perezosas mananas prolongadas los fines de semana) se puede decir que una tercera parte de mis 40 años de vida la he pasado durmiendo.
El tiempo que me he pasado durmiendo suma en total unos trece años y medio, casi lo equivalente a una pubertad.
Durante esos trece anos he vivido situaciones insolitas, dramaticas, algunas que podrian considerarse limite e intensas. He llorado, he reido, me he sentido extremamente feliz y extremamente desgraciado, he presenciado autenticas revoluciones internas, recibido insolitas revelaciones y visitas inesperadas, he vuelto a reencontrarme con amigos y parientes que ya partieron o que no veia desde hacia mucho tiempo y a los que echaba intensamente de menos, he viajado a lugares increibles, paseado y callejeado por ciudades, algunas exoticas, otras sorprendentemente familiares a pesar de saber que no existen mas que en mis sueños.
Se podria decir que en todo ese tiempo he vivido y sentido con la misma intensidad que podria hacerlo despierto durante el dia, con la pequeña diferencia de no haberme siquiera movido de mi cama.
Una parte muy importante de mi vida es soñada unicamente y por tanto nunca podria ser contabilizada ni incluida en un resumen biografico. Cuando hacemos balance de la vida de alguien o escribimos su biografia, deberiamos contar no solamente la parte vivida en la realidad sino tambien la vivida durante los sueños. Las imagenes y situaciones oniricas, en su mayor parte surrealistas, como se podria esperar de un sueno, se alternan con encuentros y conversaciones tan reales o mas que las vividas durante el dia. La sensacion de realidad no se ve afectada por la anarquica libertad de esas imagenes. Son escenas que al verse libres de la esclavitud y limitaciones que impone la realidad gozan, como en el caso de los delirantes dibujos de los ninos, de una riqueza e intensidad ilimitada aun a riesgo de resultar ininteligibles y dificiles de interpretar a posteriori.
En honor de la verdad habria que reconocer que a menudo, lo que podria pasar por una imaginacion fertil no es en realidad mas que un plagio o inspiracion de esas situaciones ya vividas en sueños.
Afortunadamente, algunas de esas conversaciones y situaciones, con frecuencia las mas intensas o las mas recientes, encuentran la manera de sobrevivir al olvido una vez abrimos los ojos al despertarnos y tomar poco a poco consciencia de la realidad.
En esos escasos segundos de dondedemoniosestoy en que poco a poco tomamos medida de las coordenadas espacio-temporales que nos rodean, se disuelven progresivamente las imagenes sonadas, lugares, personajes y ultimas palabras pronunciadas que se desvanecen a toda velocidad como granos de arena entre los dedos. Curiosamente son esas sensaciones y sentimiento vivido las ultimas en abandonarnos.
Tengo la suerte de no recordad cuando fue la ultima vez que tuve lo que se dice una pesadilla. Probablemente ho haya tenido una pesadilla desde la adolescencia. Mi sueño, que nunca tarda en llegar una vez apagada la luz es, independientemente de como haya sido la jornada, intenso y profundo, en ningun caso agitado.
Es por eso que la mayoria de las veces al despertar del mundo de los suenos a la rutinaria realidad aun me invade una sensación agradable como de discreta felicidad.
Mientras las diferentes partes de mi cerebro comienzan a activarse y abandonan el modo stand-by con ahorro de energia de las ultimas 8 horas, ese sentimiento de casi-felicidad deja paso rápidamente a algo parecido a la nostalgia.
Para bien o para mal la realidad acaba por imponerse y las preocupaciones terrenales en forma de obligaciones y tareas que ya comienzan a formar fila en mi cabeza pendientes de acción al comienzo de una nueva jornada, no dejan espacio para la melancolia.

quinta-feira, 3 de junho de 2010

Fuego

Poco antes de las 4 am me despierta el sonido del interfono de la cocina. Se trata de Antonio, el portero, que me avisa que hay fuego en el edificio y tengo que salir del apartamento. Aun con las imagenes de mi ultimo sueno disipandose ante mis ojos, hormigas que tomaban al asalto el pan guardado en una bolsa de plastico y que estaba reservado para una comida familiar, me asomo torpemente a la ventana del dormitorio que da a la fachada principal. Incredulo, me encuentro ante dos camiones de bomberos y unas 50 personas vestidas apenas con pijamas y chandales que parecen mirarme expectantes. Tomando consciencia del olor a plastico quemado que comienza a entrar por el apartamento, busco de manera precipitada en el armario algo de ropa de abrigo y empiezo a buscar, cada vez mas frenetico, las llaves de la casa.
Recordando las recomendaciones y lecciones aprendidas en El Coloso en Llamas y otros filmes catastroficos de los 70, decido evitar el ascensor (cosa facil cuando vives en un 2. piso ) y optar por las escaleras a las que da la puerta de servicio. En el rellano me recibe un olor a quemado mas intenso y no puedo evitar sentir un subito pavor. Sera que llego mi dia, me pregunto mientras incio mi huida hacia la salvacion, sera que hoy, vestido de guisa tan poco heroica, caere vencido por el monoxido de carbono y mi cuerpo sera devorado por las llamas en mi fallido intento por salir y unirme a mis vecinos que ya se encuentran a salvo en la calle?
Con la velocidad que me permiten las chanclas Hawainas alcanzo en cuestion de segundos el patio de entrada y unirme al grupo de somnolientos vecinos que comentan en voz baja la situacion. Un grupo heterogeno formado por vecinas con redecillas y bigudis que abrazan sus yorkshires aun estremecidas por el sobresalto y el frio de la madrugada, el gordo de gafitas que me encuentro siempre en el ascensor y que por algun motivo indefinido, sospecho que trabaja en un banco, el chino y la china del sexto con su hija dormitando en los brazos, indiferente a la casi-tragedia.
Escucho comentarios que me ponen al par de la situacion, Por lo visto el fuego se inicio en la sauna del gimnasio situado en el entresuelo, a apenas unos metros de mi apartamento.
Los bomberos entran y salen por la puerta del garaje con sus trajes ignifugos y mangeras bajo la mirada entre aprensiva y expectante de los vecinos. En los edificions colindantes se ven luces encendidas desde donde los curiosos, despertados por el sonido de las bombas de agua de los camiones de bomberos, asisten al espectaculo desde la seguridad de sus balcones.
Apenas un cuarto de hora mas tarde, Antonio, el portero y responsable maximo por la seguridad de los habitantes de la colmena, nos informa que podemos volver a la cama, que el fuego ya ha sido apagado y que todo esto no va a pasar de un pequeno susto. El anuncio es recibido entre risas nerviosas de vecinos alividaos. Al final todo va a quedar apenas en una anecdota que podremos contar al dia siguiente en la oficina. Diligentemente volvemos a nuestros respectivos apartamentos mientras los bomberos inican su honrosa retirada con la satisfaccion del deber cumplido. En cuestion de minutos la calma ha vuelto al numero 943 de la rua Canario.
Mientras unos vuelven a sonar con hormigas que invaden panes otros se enfrentan de nuevo a escenas de pesadilla que seran incapaces de reproducir por la manana por miedo a ser incapaces de funcionar con normalidad.