sábado, 20 de novembro de 2010

Cosas de la vida

El mero hecho de perder el telefono el viernes por la tarde fue suficiente para amenazar echar por tierra una semana trepidante de viajes de larga distancia y nuevas experiencias entre las que destacaria haber asistido a la carrera de Formula 1 en Abu-Dhabi, haber montado brevemente en camello por primera vez en mi vida y haber fumado narguile con sabor a manzana asistiendo al espectaculo de la danza del vientre de una moza sirio-libanesa recostado comodamente entre cojines y alfombras sabiamente dispersas por una jaima en medio del desierto y con varios tatuajes de henna secandose en diferentes partes de mi cuerpo (un escorpion en el brazo, una cobra en el tobillo y Yussuf, mi nombre en arabe, escrito en el antebrazo).
Y es que resulta que ayer viernes, al volver a la oficina despues de haber salido a comer con una colega de Munich (y su novio 20 anos mas joven que ella) de escala por Sao Paulo a la vuelta de sus vacaciones por el nordeste de Brasil, me doy cuenta de que habia perdido mi blackberry.
Desesperado, angustiado y atacado de los nervios a partes iguales me pongo a buscar por todas partes el dichoso telefono por lo que no consigo salir antes de la oficina como era mi intencion para evitar el trafico de la hora punta y poder ir a la sinagoga como todos los viernes.
Viendome parado en la avenida Faria Lima por mas de 40 min y visto que no iba a conseguir llegar a tiempo, decido renunciar a mi Cabalat Shabbat semanal y dando un volantazo me salgo por una via lateral y pongo rumbo a casa con la intencion de encender solito las velas, cambiarme de ropa e irme a correr al parque de Ibirapoera a ver si se me despejaba la cabeza.
Aprovecho que paso por casa para ver mis emails y dar un rutinario repaso a los titulares de elpais.com y otros periodicos espanoles cuando veo que se conecta mi madre y nos ponemos a conversar un rato.
Despues entro en Facebook y se me ocurre, asi sin motivo alguno, colocar en el buscador de amigos el nombre de un amigo al que habia perdido el rastro hace mas de 15 anos.
En esos casos normalmente aparecen varios perfiles de usuarios con el mismo nombre pero de diferentes paises entre los que tienes que buscar el correcto. Como sea que en esta ocasion me aparece unicamente un perfil con ese nombre, lo que en si, ya es raro, decido enviarle una invitacion a pesar de que la foto del perfil muestra la imagen de un recien nacido, lo que me hace dudar mucho de que se trate efectivamente del perfil de mi amigo.
Para mi sorpresa, en menos de 2 minutos recibo la notificacion de que el convite ha sido aceptado y ha sido incluido en mi lista de amigos. Intrigado, entro en el perfil y veo que la informacion del usuario confirma su lugar de residencia actual, Valencia. Tras ver los albumes de fotos que muestran multiples viajes por Africa y Asia entiendo que sin duda alguna se trata del mismisimo Gunder, mi amigo sueco-boliviano nacido en Liberia y criado en un internado en las montanas del norte de la India que conocia de mis veraneos de juventud en El Saler y de quien habia perdido todo tipo de contacto.
Es cierto que nuestros caminos se habian cruzado ya una vez por pura casualidad en el aeropuerto de Frankfurt donde yo trabajaba los fines de semana y el estaba de camino hacia la India. Estoy hablando de mi epoca de estudiante hace apenas 17 anitos...Es mas, la ultima informacion que tenia de el me vino mucho mas tarde a traves de una amiga comun de la que, por las vueltas de la vida, acabe siendo vecino en Londres hace 10 anos y que una noche me habia contado en medio de la confusa nebulosa que provoca el consumo excesivo de hashish que creia haber oido decir que le parecia que le habian dicho que se habia ido a vivir a Botswana a montarse algun tipo de negocio, pero que, de cualquier manera, no le hiciera mucho caso.

Aun incredulo por estar conversando realmente con el a traves del Facebook despues de tantos anos de separacion, me dice, para mayor alucinacion mia, que tambien esta en Sao Paulo, es mas, que en ese momento me escribe desde su cuarto de hotel en la avenida Ibirapoera en el barrio de Moema, literalmente a 5 minutos a pie de mi casa.
Yo, como se dice, flipando en colores, propongo encontrarnos en la entrada de su hotel donde le recojo 30 minutos mas tarde.
Nos reconocemos enseguida a pesar del tiempo transcurrido. Decidimos caminar un poco y meternos en uno de los escasos bares que no cuenta con musica en vivo un viernes por la noche para poder conversar tranquilamente y ponernos las respectivas vidas al dia.
Me cuenta de sus experiencias en Botswana, de su vida en Vietnam, su ex-novia brasilena de Goiania que le ha hecho papa hace apenas dos semanas y de sus varios proyectos emprendedores junto con unos socios valencianos que van a llegar al dia siguiente y de como, si las cosas salen segun planeado, piensa mudarse a vivir aqui el ano proximo.
En compania de las caipirinhas y los numerosos fantasmas del pasado hablamos durante horas intentando resumir de manera coherente casi 20 anos de la vida de cada uno.

A la manana siguiente, sintiendo aun la resaca que me provoca siempre la cachaca pienso que si no hubiera perdido ayer el telefono y tener que buscarlo por todas partes no me habria atrasado ni habria tenido que enfrentar el trafico de hora punta de fin de semana, habria conseguido llegar a tiempo a la CIP, no habria pasado por casa ni habria entrado en Internet, no se me habria ocurrido buscar su nombre en Facebook ni mucho menos nos habriamos encontrado en Sao Paulo.

La vida, in its own way, tiene su gracia.

sexta-feira, 5 de novembro de 2010

La maleta y la dignidad

Verme en la calle con una maleta, por las razones que sean, me hace siempre sentirme vulnerable. Es como si la situacion tuviera algo de indigno, aunque no sepa muy bien explicar el porqué.
Por motivos que desconozco, ir por la calle con una maleta me hace sentir víctima propícia a algún tipo de burla o de agresión. La sensación es en esos momentos similar a la vulnerabilidad que se siente al salir descalzo a la calle.
En cierta manera entiendo que la dignidad de la persona es inversamente proporcional al tamaño de la maleta que lleva. La indignidad es menor si el tamano y peso de la maleta es reducido y le permite a uno llevarla con facilidad y sin esfuerzo aparente, sin necesidad de arrastrarla. Andar arrastrando una maleta por la calle es arrastrar la diginidad de cada uno. Es penoso a la vista.
Cuando se da la infeliz circunstancia de tener que desplazarme por la calle arrastrando una maleta grande, el sentimiento de humillación que me sobreviene es inevitable.
En ese momento, no hay indignidad mayor. Ni siquiera el hecho de tener ruedecitas incorporadas colabora para evitar esa sensacion. Es por eso que siempre que veo alguien por la calle arrastrando una maleta no puedo evitar dirigirle miradas de conmiseración y lástima.
Nadie debería exponerse de esa manera a ser visto en público arrastrando una maleta por la calle, ni aunque sea para recorrer el corto trayecto desde la parada del bus hasta el portal de casa.
Tampoco deberia nadie andar subiendo y bajando con maletas las escaleras del Metro, mucho menos en horas punta. No solo es patetico sino que tambien contraproducente y peligroso.
Por favor, tengan juicio y hagan uso del transporte publico o privado que este a su alcance, cojan el tren, el taxi, el servicio transfer, un shuttle bus gratuito, un autobús de línea por más regular que sea.
Cualquier cosa antes que ir por la calle cargando maletas.

sábado, 16 de outubro de 2010

Es un latir, un je ne sais quoi

Dependiendo del momento, unas veces lo puedo sentir con mayor intensidad que otras, no lo voy a negar.
A menudo apenas tengo tiempo para sentirlo, funciono en modo automatico perdido en medio de tantos quehaceres rutinarios, tan numerosos como futiles.
Yo, que siempre he sido de los de si no lo veo no lo creo (y estaria mintiendo si dijera que ya lo he visto alguna vez con mis propios ojos) considero una necedad o de una gran ingenuidad dudar aun, a estas alturas, de su existencia.
El problema es, sin duda, el nombre.
Aunque sea invisible yo se que esta ahi. Invisible e indeleble. Inodoro e imborrable. Imperecedero e inmortal.
Lo siento dentro de mi y aunque no pueda verlo, siento sus efectos a mi alrededor.
Los expertos (que a pesar de anos dedicados al estudio, de esto saben bien poco), le han puesto los nombres mas variados, dependiendo siempre de su entorno o de las modas del momento.
Pero es inutil. Solo el hecho de tratar de describirlo con palabras ya lo estaria reduciendo a nociones prostituidas por ideologias e intereses partidistas.
Si tienes suerte, lo podras sentir, pero nunca describir con palabras.
Cualquier tentativa, por muy bienintencionada que sea, estaria condenada al mas absoluto fracaso. Seria tan inutil como pretender navegar por Internet en un ordenador hecho con arcilla o andar por un campo minado protegido con un chaleco antibalas hecho a base de margaritas.
Es una vieja energia nueva, la mas vieja de todas y que, a pesar de ello, aun no ha sido descubierta por el acelerador de particulas del CERN. Es un latir inmovil y una explosion compacta. Es una espiral de plenitud quimica y es el extasis de Santa Teresa corriendose con la boca abiera y aquella expresion, tan suya, de pasmo.
Es un estruendo silencioso como el de la discoteca de musica techno donde todos los que bailan usan auriculares. El recien llegado, que no es capaz de oir la musica porque no lleva auriculares pero que ve gente bailar desde la barra, no puede entender que es lo que les hace moverse y convulsionarse con esa extrana expresion de felicidad en sus caras. Nunca sera capaz de entenderlo por mucho que los gozosos, entre gritos y gestos exagerados, se lo intenten explicar.
Es por eso que es tan dificil de explicar para quien no tiene auriculares. Como mucho podria intentar explicar con ejemplos.
Sin ir mas lejos, ayer lo volvi a sentir durante esa pausa semanal que necesito hacer para parar y escucharme un poco a mi mismo. Y esta vez su presencia no dejo lugar a dudas. Porque fue intensa, inevitable e incuestionable.
La senora Margot fue llamada para recibir un homenaje publico por sus 84 anos recien cumplidos. Con paso inestable pero decidido, subio al estrado acompanada de sus familiares; dos hijos, una hija, varias nietas de diversas edades. Atenta y con la mirada fija en algun punto por encima de nosostros, escucho las palabras de admiracion y carino dirijidas a ella pero que en silencio, tambien le estabamos dirigiendo todos nosotros. Y vi como le miraban con orgullo sus hijos, como las nietas se miraban entre si complices, el gesto del hijo apretando la mano firme a pesar del temblor, la emocion en sus ojos por estar viva y poder estar alli presente, rodeada de tanta energia, amor, llamelo como usted quiera. Y yo pense en los mios, tan lejos y sin embargo tan cerca, con sus 75 o 94 anos. Esta vez su presencia fue tan clara que no habia como pasarla por alto.
Pero tambien lo siento cuando duermes acurrucado a mi lado. En esos momentos pienso en contradecir a Neruda y decirte como me gustas cuando callas porque estas mas presente. Y me oyes desde cerca y con mi voz si que te toco.
Aprietas contra el mio tu cuerpo de bambu, delgado y flexible. Doblas tus extremidades buscando el acoplamiento perfecto y terminamos durmiendo los dos ocupando un minimo de espacio de la cama como si fueramos dos conchas o dos cucharas cuidadosamente guardadas. Acoplamiento perfecto sin necesidad de penetracion ni perforacion. Porque no hay necesidades fisicas ni urgencias sexuales. Hay simplemente un intercambio de energias que nos aproxima al mito de la union total entre dos seres independientes (Y tan diferentes).
Aunque se me ocurran ejemplos mas cursis, en ese momento diria que es como la fuerza que solo dos polos de signo contrario son capaces de generar. Polos opuestos que se atraen y se complementan. El yin y el yang bicolor con un fondo gris.

terça-feira, 12 de outubro de 2010

Las líneas de Nasca

Como habíamos combinado, a las 330 am ya estaba esperándome en la puerta Jorge, mi chófer particular, para llevarme a la estación de autobuses Cruz Del Sur con la que recorreria los 450 kms hasta Nasca. El día anterior le había comprado un paquete full day por $190 (Tras el regateo de rigor, había conseguido que me hiciera un descuento de $5) que incluía recogida del hotel y traslado a la estación, viaje en autobús de dos pisos con derecho a desayuno, paseo de avioneta de 35 min sobrevolando la extesión de 50 km2 en que estaban las famosas líneas de Nasca y vuelta de nuevo para Lima.
Durante el trayecto de 7 horas hice amistad com Herminia, una brasilera de S Jose Dos Campos que era corrdinadora del SAMU y que se bajó en el Parque Nacional de Paracas desde donde continuaría su periplo siguiendo la ruta de los Incas.
Cuando finalmente llegamos a Nasca me estaba esperando el representante de la agencia junto con otros dos pasajeros que habían bajado del mismo autobús, un ingeniero informático de Porto Alegre y Juan, un catalán de Tarragona con el que me hizo ilusión comunicarme en catalán y que me escucho ligeramente extranado ante mi mezcla de acentos y expresiones abrasileradas.
Cinco minutos después de montarnos a la furgoneta del guia llegamos al aeródromo al que habian puesto el nombre de Maria Reiche, la matemática alemana que había dedicado su vida a estudiar las más de 1.000 líneas y geoglifos descubiertos sobre la planície de Nasca y a la que los mas viejos del lugar aún recordaban examinando el área acompañado de una escoba y una gran paciencia.
En la pequeña terminal del aeródromo los turistas esperaban pacientemente su turno asistiendo un film en francés de la TV5 que exhibían los monitores distribuídos por la sala de espera mientras afuera los vendedores de souvenirs apropiadamente vestidos de indígenas ofrecían sus mercancias made in China aceptando soles, dólares americanos o euros.
El sobrevuelo en la pequena Cessna fué más breve de lo que me hubiera gustado, sin embargo fue suficiente para emocionarme al pensar en la posibilidad de que aquellas enormes figuras de animales (algunas median mas de 250m) y formas geometricas y trapecios cuyo origen y fínalidad continuan hasta hoy desconocidos, fueran efectivamente pistas de aterrizaje hechas por extraterrestres. Me prometí a mi mismo buscar y releer de nuevo los libros de Von Daniken que habían sido tan populares en los años 70 y 80 en pleno auge de la fascinación por los UFOs.
Tras el breve vuelo, comiendo en un restaurante de la calle principal junto con el catalán y el brasileño, quien por cierto, no me quitaba ojo de encima confiando sin duda en las discretas señales captadas por el radar interno que todos llevamos dentro, comentó mientras engullía enormes pedazos de pollo frito con ají como eran de peligrosas esas avionetas y cómo la semana anterior habían muerto los 4 ocupantes, dos de ellos turistas ingleses, al estrellarse el bimotor tras un fallo mecánico debido, probablemente, a falta de mantenimiento. Por lo visto, cada vez que ocurría un accidente, cosa que en los últimos tiempos se había venido repitiendo con sospechosa asiduidad, la empresa desaparecía para abrir de nuevo con un nombre y registro diferente. Por suerte, el informático había hecho sus deberes de casa antes de salir y se había asegurado que la empresa contratada para nuestro paseo fuera una libre de toda sospecha.
Tras un par de horas dejándome perder por las calles y plazas con viejitos indígenas secandose al sol (tengo que ir a comprar sellos, había dicho dejándolos bebiendo cerveza en el pequeño restaurante con la intencion de poder callejear a mi aire y curiosear por la ciudad) ya estaba de vuelta en el autobús de vuelta para Lima. Me dio rabia no tener mas dias y poder seguir hacia Cuzco y visitar Macchu Pichu y El Valle de los Reyes como mis compañeros de excursión. Queda pendiente para la próxima escapada.
En la estacion de autobuses de Lima, después de otras 7 horas de viaje y 450 kms de vuelta que me sobraron para acabarme la novela de Jaime Bayly e iniciar el libraco que me había comprado el día antes ("1491, Una Nueva Historia de la America Precolombina"), ya me estaba esperando Jorge acompañado por su novia, quien sospecho que era mudita ya que apenas se limito a sonreir en todo el trayecto hasta que me dejaron de vuelta en el hostal.

domingo, 10 de outubro de 2010

Lima, Perú

El avión de TAM posó con suavidad en el aeropuerto de Lima tras un vuelo de 5 horas de las cuales la mayor parte me lo pasé sentadito junto a la ventana sin apenas dormir a pesar de haberme levantado a las 5 am y sin poder moverme por causa del vecino de asiento que durmió durante casi todo el viaje.
En el taxi, camino de la ciudad converso con Jorge, guía turístico y taxista en sus ratos libres quien me cuenta la cantidad de cosas que Fujimori hizo por el país y comenta la gran injusticia que supone que lo hayan metido en la carcel, trato injusto para alguien que se sacrificó tanto por el Perú. Como es lógico, me abstengo de exponer la pésima imagen que tenemos del Chino fuera de su país.
Tras atravesar el barrio de Callao y bordear la ciudad por el famoso malecón donde unos chicos hacen surf y otros lo sobrevuelan en para-gliding, el mismo malecón del que hablaba Vargas Llosa en Los Cachorros, pienso entusiasmado, llegamos al Hostal Killany, situado en la Avenida Reducto en el corazón del bonito barrio burgués de Miraflores.
Lo primero que me sorprende de Perú es la amabilidad de las personas con las que trato, no se si porque les gustan los extranjeros, mi acento o porque por sus venas aún corre la legendaria docilidad de los indios.
También me sorprenden los libros distribuidos gratuitamente por la asociación de editores del país que encuentras en las mesas de los bares y restaurantes y que no pueden ser vendidos ni comprados. Simplementes los dejan en las mesas para que te lo lleves y lo leas y después lo vuelvas a dejar en cualquier otro lugar.
Callejeando sin rumbo por el centro histórico de Lima (por algún motivo que desconozco, lleno de imprentas, talleres y gráficas), encuentro finalmente una calle con varias librerías de viejo.
Como ocurre con la mayor parte de las librerías de viejo en todos los lugares del mundo, las obras de autores célebres y consagrados se codean con libros y tratados de autores desconocidos donde nunca falta el Mein Kampf o el libelo antisemita Los Protocolos de Sion en que se denuncia la perfidez de los judios y sus contubernios para controlar el mundo. El vendedor, que se percata de mi interés por el tema al verme ojear este último, me pregunta que de donde soy. Al decirle que soy español desaparece por la trastienda para aparecer unos segundos después con un libro de fotos de las principales juderías de España. Me pregunta si aún quedan judíos en España y me cuenta como después de la II Guerra Mundial el gobierno peruano les negó la entrada (cosa que no hizo con los chinos, añade con un gesto como de sorpresa y resignación).
Igual que les ocurre a las fashion victims con sus compras compulsivas en los outlets yo soy incapaz de salir de una librería con las manos vacías. A pesar de abundar las ediciones de todas las obras de Vargas Llosa, me decido por el antepenúltimo libro de Jaime Bayly al que hace años que tenía abandonado así como una recopilación de cuentos de Cortázar de la que nunca había oído hablar. Borges, que era ciego, decia que se imaginaba el cielo como una gran biblioteca donde pasaria el tiempo leyendo. Yo, que lo primero que hago al llegar a una ciudad por primera vez es perderme por sus calles y buscar librerias, a ser posibles de libros usados y raridades, en cuanto comienzo a husmear entre los volúmenes y revistas atrasadas amontonadas empiezo a ser atacado por la rinitis y la sinusitis que me provoca mi alergia a los ácaros del polvo. Una auténtica cabronada. Menos mal que nunca viajo sin mi capsulita de Rinoebastel que siempre llevo conmigo y que reservo para casos extremos y cuyo tacto al meter la mano en el bolsillo me da automaticamente peace of mind. Si existe un Dios sin duda tiene un sentido del humor muy extraño.

Mañana salgo en autobús con destino a Nazca (7 horas de viaje, 450 kms de polvorientas carreteras por el desierto) donde sobrevolaré las míticas líneas de Nazca en una avioneta. Como será mi último día entero en Perú tendré que hacer la ida y la vuelta en el mismo día lo que implica levantarme a las 330 am para cojer el bus de las 4am y llegar, tras más de 7 horas al mediodía. Sin duda, valdrá la pena...

segunda-feira, 20 de setembro de 2010

Un cuento de verano (II)

-Vaya chorrada de juego, colega, conociendo las aficiones de tu padre seguro que lo que le hubiera gustado ser es chuloputas, dijo Juande soltando una carcajada cuyo eco en las paredes de la vieja casona hizo que me sobresaltara al tiempo que daba un codazo de complicidad a Manolo, sentado a su lado y que ni siquiera se molestó en levantar la cabeza enfrascado como estaba en la árdua tarea de liarse un cigarro. Aquel verano nos habíamos aficionado a liarnos esos cigarros con aspecto de porro con el tabaco de liar que Manolo le cojia a su padre cuando este se descuidaba. Ello, junto al hecho de tener 16 años, dos años más que los demas, ya le había hecho merecedor de nuestra admiración y respeto.

-Mira que eres imbécil, dijo solícita Carmen mirando alternativamente a Juande con rabia y a mí con cara de disculpa pensando que a lo mejor me había molestado el comentario- Para que lo entiendas, anadio, se trata de adivinar lo que su padre habría querido ser, no tu vocación secreta, mamoncete!

Esa vez nos reímos todos al unísono mientras nos mirábamos sorprendidos ante la acidez de la lengua de Carmen, quien en los últimos dias había estado inusualmente callada y modosita. ("Estará embarazada?", habia bromeado Juande un día antes, "Qué va son cosas de mujeres, quien las entienda..." habia añadido Manolo con aire suficiente y experto).
Mientras celebrábamos la respuesta de Carmen, que por una vez había conseguido que Juande se quedara sin palabras, nuestras carcajadas se multiplicaron y expandieron por toda la casa, avanzando por sus oscuros pasillos y entrando en las silenciosas habitaciones llenas de polvo, pasando por alacenas y despensas llenas de telarañas donde hacía años que nadie más entraba, subiendo hasta el desván donde se amontonaban muebles viejos, armarios llenos de ropa y batas carcomidas, restos de armazones de camas, radios antiguas, alguna estufa arrumbada, herramientas oxidadas y olvidadas y cámaras donde colgaban las cuerdas que alguna vez se usaron para colgar melones y que a la luz mortecina de la bombilla me recordaban a la soga de un ahorcado en las raras ocasiones en que nos habíamos aventurado a jugar alli durante las horas muertas en que todo el mundo dormía la siesta.
Fue justamente en ese momento en que parecía que nuestras risas aún sonaban a pesar de que ya habíamos parado de reirnos - Alvarito aún con los ojos llenos de lágrimas y aguantándose con una mano la barriga como si se le fuera a caer mientras con la otra señalaba burlón a Juande, azuzándole para responder de la manera debida a Carmen- que percibimos un ruido diferente que nos hizo estremecernos y mirarnos los unos a los otros.

El eco de nuestras risas dejó paso, ahora de manera más nítida, a lo que parecía un llanto lejano que nos llegada como amordazado desde lo más profundo de la casa.

-"Qué cono es eso? Parece un gato maullando", dijo Juande de manera poco convincente e intentando parecer calmo mientras aprovechaba para acercarse a Isa, quien apoyada contra la pared, no había podido evitar soltar un pequeño gritito.

-"Ehh, no te me la apalanques, chaval," le dijo Alvarito asumiendo el rol de defensor de la honra familiar, "Que te veo venir! "añadió dándole un empujón de broma, como intentando alejarlo de su prima.

-Oye guapo, que a mi no me hace falta que me defiendan, protestó esta al tiempo que se apartándose de la pared se acercó desafiante a Juande, además, "Y si a mi me gusta que se me arrime, que? Acaso vas a correr a decirselo a mis padres?" Andaa ya...so niñato!

"Calma todos," dije haciendo una señal con la palma de la mano y dirigiendo la mirada hacia el techo como tratando de localizar el origen del supuesto maullído que parecia haber parado.
"Para vuestra información, dije tras unos segundos de silencio, y visto el poco éxito de mi juego, mi padre siempre ha dicho que le hubiera gustado ser mayordomo, de esos de las casas victorianas inglesas con uniforme de librea y guantes blancos..." expliqué en un intento por retornar a la normalidad y continuar con el juego.

-"Criado, ya le vale " me interrumpió Isa -"Yo para nada iba a querer ser la chacha de nadie, no te jode, a buenas horas! dijo ella con su finura habitual en un intento por continuar con la conversación aunque todos parecíamos estar más pendientes del extraño ruido que en lo que estaba diciendo.
"No te engañes, mona", le dijo Carmen, al fin y al cabo todos somos criados de alguien, la única diferencia es que por lo menos esos lo tienen claro y no se engañan.

-"Así se habla", celebró Manolo dejando de lado el cigarro tras conseguir finalmente liarlo, " Esta chica promete, ya lo creo!"

Afuera, los relámpagos con sus truenos cada vez más seguidos nos anunciaban que la tormenta que se cernia sobre el pueblo se aproximaba rapidamente como con ganas acumuladas por descargar el agua que no habíamos tenido desde el comienzo del verano, segun los comentaristas, uno de los más secos de la ultima década. El sonido de la lluvia cayendo con fuerza redoblada nos llegaba a través de la ventana enrejada que daba a la calle. Una figura oscura paso corriendo y chapoteando intentando cubrirse la cabeza con lo que parecian los restos de un periodico hasta desaparecer de repente en uno de los portales vecinos. A pesar de que no debian de ser mas de las 8 de la tarde la oscuridad en la que se veia inmensa la calle tras el apagon hacia que pareciese noche cerrada.
"A este paso las alcantarillas no van a dar abasto", dije mirando hacia la calle y señalando los ríos de agua que bajaban por las aceras arrastrando con fuerza todo tipo de papeles y desperdicios.
En ese momento se oyo de nuevo el llanto. Solo que ahora se le podia oir con mucha mas fuerza, como tratando de imponerse al ruido de la lluvia.

Esta vez el silencio entre nosotros fue inmediato y con un escalofrio dirigimos todos al unisono la mirada hacia el pasillo donde al fondo se veia, como una boca negra y oscura, la escalera que accedía a las plantas superiores. Isa se levanto de un respingo y estremecida se apretó a Juande ante la mirada de Alvarito quien esta vez optó por no decir nada.
- "Ni de coña es eso un gato" dije yo, "Más bien parece un niño o una vieja llorando..."

-"Basta ya, Ramón, que me estas poniendo los pelos de punta", me gritó Isa, cada vez más nerviosa.
-"Es verdad", dijo Juande aprovechando para atraerla mas hacia sí y apretarla un poco, "Eso no puede ser ningún animal, creo que deberíamos subir e investigar un poco" dijo con aire gallito y buscando con la mirada a alguien entre nosotros que le secundara.
Tras una breve deliberación en la que discutimos la necesidad o no de subir a buscar el orígen del extraño llanto, que cada vez era más audible y parecía querer llamar nuestra atención, Manolo, quien hasta ese momento habia estado mas pendiente de su pseudo-porro que de la conversacion, se ofreció a quedarse en la sala junto con Isa, quien ya había dejado bien claro que ni loca iba ella a ponerse a buscar por la casa a la luz de las velas como si se tratase de una pelicula de terror. Como Carmen decidiera que ella se quedaba para hacerles compania, solo quedamos Juande, Alvarito y yo para subir y registrar la casa.
Alvarito, como dueno y senor desde que su abuela muriera en su cama en aquella misma casa en la que nos reuniamos para jugar dos anos atras, fue el encargado de abrir la comitiva.
Armados cada uno con una vela que sujetabamos en botellas vacias de Coca-Cola, empezamos a caminar por el pasillo con la intención de explorar primero los dormitorios del primer piso para continuar despues por el desván. Tras llegar al primer rellano y desde la puerta que daba al cuarto de la abuela, sin querer adentrarnos demasiado, la poca iluminacion de las velas no devolvio la imagen oscura de la vieja cama, el enorme baul a su lado donde guardaban las sabanas y mantas, el armario de 3 hojas cuyo espejo nos devolvio, sobresaltandonos por un instante, nuestras imagenes a la luz de las velas y la percha con varias chaquetas colgando y lo que parecia un sombrero.
Tras la breve inspeccion y como que el llanto parecia provenir de la parte superior de la casa nos dimos por satisfechos y en lugar de inspeccionar las demas habitaciones decidimos seguir por el pasillo en dirección hacia la puera que daba acceso al desván.
A través de la puerta de madera el llanto se podía oir com mucha más fuerta, como si quien quiera que fuera que estaba al otro lado supiese que estábamos cerca y nos estuviera invitando subir. Alvarito se aproximo y tras mirarnos como buscando aprobacion, descorrio vacilante los dos cerrojos. En el mismo momento en que la puerta del desván comenzo a abrirse con un chirriar oxidado, el llanto paró de repente.
-Joder, me cago de miedo, exhalo a mi lado, Juande.



















terça-feira, 10 de agosto de 2010

Un cuento de verano (I)

Aquella tarde lluviosa de final de verano respiraba a misterios y falsas historias de fantasmas.
Hacía ya varias horas que llevabamos encerrados en la vieja casa de la abuela de Alvarito llena de habitaciones abandonadas que olían a polvo acumulado y a humedad. La lluvia torrencial había hecho imposible continuar con la competición de acrobacias en el improvisado circuito de bici-cross en las heras a las afueras del pueblo en el que solíamos matar las interminables tardes de verano y del que rara vez conseguíamos salir sin magulladura.

El apagón generalizado causado por el fuerte aparato eléctrico de la tormenta cuya llegada nos habían estado anticipando los noticieros de las televisiones locales de manera machacona en los últimos días como si se tratase de la llegada del mismísimo Apocalípsis, nos había condenado a la luz mortecina de las velas que habíamos distribuído con la ayuda de los más variados recipientes por las principales habitaciones y pasillos de la vieja casa, ignorando las protestas de la neurótica de Isabel, la prima madrileña de Alvarito e hija única, para más inri, de bombero, que ese verano se nos había pegado a la panda como un chicle a la suela de un zapato.

Tras varias horas intentando no aburrirnos tratando de adivinar las imágenes grotescas que arrojaban nuestras manos gigantescas y deformadas en su proyección sobre la pared del enorme comedor lleno de sombras (en aquellos lejanos años 80 aún no existian los móviles ni mucho menos Internet) dedidímos ponernos a jugar a las adivinanzas. Cada uno de nosotros tendría cuatro tentativas para adivinar el secreto del personaje propuesto que siempre habría de ser conocido por todos los presentes.

-Por ejemplo, dije dando início a la ronda de adivinanzas, adivinad a que hubiera querido dedicarse realmente mi padre.

Todos los que estaban en la habitación de la casona conocían la fama de crápula de mi padre así como su desmedido interés por la buena vida. Mujeres, juego y bebida constituían la Santísima Trinidad a la que había dedicado su vida con una devoción tan intensa que provocaría rubor a nuestras vecinas de rellano, las famosas Caperucitas; dos hermanas solteronas a las que siempre había conocido de riguroso luto vistiendo púdicas faldas negras y rebecas a juego con sus bolsos de polipiel del mismo color y que nos provocaban una mezcla de risa y aprensión en las ocasiones en que nos las encontrabamos saliendo o entrando del apartamento luciendo mantilla y teja alta en su condición de Miembros de Honor de la Hermandad de Nuestra Señora de Maria Mantelate, cofradía de longíqua tradición dedicada al reciclado, tutelado y reparación de las almas descarriadas de las jovencitas ligeras de cascos que abundaban por nuestra comarca.

El caso es que mi padre Ramón Fernoll, más conocido simplemente como Don Ramón, y para quien yo era el quinto y último eslabón de una loca secuencia que habia comenzado en los boyantes anos 70 en los que con la colaboracion de mi madre habian decidido traerme a mi y a mis hermanos al mundo casi en producción en cadena (saliamos a un hijo por ano), productividad que reflejaba el momento de expansión y crecimiento de los negocios inmobiliarios de mi padre. Cuando varios años mas tarde llegara la época de las vacas flacas, ya en los últimos estertóres de los años 80, en que seríamos testigos del desmoronamiento de su pequeño imperio con la misma velocidad con la que había crecido, ya era demasiado tarde como para plantearse una planificacion familiar mas acorde con el limitado presupuesto familiar.
Mi padre, dicho sea de paso, nunca se dio por vencido ante los reveses de fortuna y continuó enfrascándose con gran empeño en todo tipo de iniciativas comerciales haciendo gala del mismo espíritu emprendedor de mi abuelo y de mi bisabuelo indiano, quien muchos años antes, tras su regreso a Valencia tras la pérdida de Cuba, había conseguido triunfar como fabricante de jabón y productos de desinfección, de gran demanda en aquella época.